† Spring †

octubre 01, 2007

La primavera… ciclo en dónde comienza el principio de muchas cosas, en la que mis ojos lagrimean, y no de desolación, sino que por alergia, un hastío espantoso, el sol no es buen amigo por éstos días; suena irónico, pero me hace lagrimear. Y puede que está época del año no sea mi preferida -pues nada se compara al otoño, y a ese sol de abril, que ampara con sus dóciles destellos, regocijante de tranquilidad- con la alergia la destemplanza confiere de mis sentidos… incomoda situación, mas bien, una pequeña oda al nunca ponderado “Plátano Oriental”

El cigarro por éstos días, y desde hace un tiempo, y con la ayuda de una maravillosa persona que conocí hace un tiempo atrás, ha disminuido, no del todo claro, pero ya nada es lo que era, mi sangre comienza a oxigenarse… la ansiedad me corroe de momentos, pero con calma, así dice “Don Chopra”, el que tiene unos libros y unas reflexiones realmente de culto, su sencillez para explicar y darle sentido a las cosas me maravilla.

Y es que en primavera uno comienza a consumar introspecciones, casi como fines de ciclos, de períodos, de intenciones, de manera transversal. Si miramos por la ventana, el cielo, los árboles, las flores, el aroma, las alondras, y amapolas, nos recuerdan que podemos encerrar el mar en un cuadro, que podemos imaginar cuánto acariciemos, soñar no cuesta nada…

En ésta temporada recuerdo el jardín de la casa de mis abuelos, en dónde un gran verdor se observa y se respira, casa antigua, con altos techos, y espaciosos muebles…

Recuerdo las danzarinas del jardín, esos porotitos que en ésta estación brotaban, y festejaba apretándolos y ver emerger a la flor.

Recuerdo mi columpio en medio del jardín, en el que solía pasarme tardes enteras, con la mirada atónita de que nada fuera a sucederme, para luego correr fuertemente por el largo pasillo, y que los brazos fuertes de mi tata pudieran inventarme palpando alguna estrella, pues mi tata siempre está ahí y sigue estando, en otras condiciones, las parodias de la vida… ahora yo los elevo a ellos, sobretodo a ella.

Recuerdo que poco a poco fue pasando el tiempo, y comencé a escribir cartas como sueños, y en ellas suelo escribir el gran deseo de volver el tiempo atrás, de abrazar a la distancia y volar, de sentir el viento en mi cara, como en aquel columpio, que hoy ya no está, pues el tiempo paso, y seguirá transcurriendo con la vida acuestas, con vivir a medias, o quizás sólo existiendo, con la certeza de tener 3 grandes razones para estar presente y sonreír.


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